Un árbol genealógico no se adivina: se investiga, se comprende.
La pregunta que realmente importa no es «¿qué viene del transgeneracional?», sino:
«¿qué historia concreta se puede identificar?»
«¿a qué están respondiendo los comportamientos de hoy?»
En el proceso que propongo, empezamos buscando patrones, enfermedades, lugares, ciclos, accidentes, deudas intergeneracionales, violencias, humillaciones, injusticias, profesiones, fechas, tensiones en las relaciones. Todo esto son pistas, no son aún respuestas.
Dos ejemplos de genogramas trabajados en consulta, con los nombres difuminados para preservar la confidencialidad.
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Pues, coincidencia no es lo mismo que coherencia.
La coincidencia solo abre una puerta. Después viene el verdadero trabajo: la coherencia.
Mi propuesta tiene como guía: ¿existe coherencia real entre la historia de sus antepasados y lo que usted vive hoy?
Cuando aparecen los mismos conflictos, las mismas pérdidas, los mismos miedos, la misma forma de relacionarse: es ahí que la historia empieza a tener sentido.
El objetivo no es encontrar culpables.
Se trata de comprender qué adaptación (innecesaria) sigue activa hoy, para que ya no sea necesario expresarla.
Mientras esa memoria permanece inconsciente, seguimos ligados a ella repitiendo el sufrimiento. Cuando logramos comprenderla, podemos honrarla viviendo aquello que nuestros ancestros no pudieron vivir.
Sanar no es olvidar a quienes vinieron antes. Es honrar sus historias desde la vida.
En otras palabras, el trabajo que usted hace sobre sí mismo/a ayuda a sus ancestros y aliviana el camino de sus descendientes.