Aportar conciencia para aprender a observarse.
Trabajo desde un enfoque humanista que va más allá de lo cognitivo y lo conductual, en donde se intenta incluir también la dimensión espiritual de cada persona.
Soy miembro de la «Union de Professionnels Conseiller Conjugal et Familial» en Bélgica. En este sentido, adhiero al código de deontología y me atengo a él para ofrecer un acompañamiento terapéutico con el mayor respeto por la dignidad de la persona, sus derechos, y a la altura de la confianza que deposita en mí.
“Existe una relación innegable entre la forma física, mental y emocional — entonces, ¿por qué negarla?”
Las ideas y la comprensión mental son solo una parte de la verdad. En el trabajo que propongo, el cuerpo es una fuente de información fundamental: ahí viven las emociones y las sensaciones que merecen atención. Por eso, en sesión, no me quedo solo en el análisis: invito a experimentar, a sentir, a observar lo que pasa en el cuerpo mientras hablamos.
Trabajo centrado en la persona y en el presente, para identificar las «historias», patrones y automatismos que condicionan nuestras relaciones. Estoy atento al equilibrio entre concientizar y dar el tiempo necesario para integrar: ese tiempo es parte del proceso… a su ritmo.
Ahí viven las emociones y sensaciones que merecen atención.
Identificar los patrones que condicionan sus relaciones.
Un ancla entre mente y cuerpo, a la que siempre se puede volver.
Tomar conciencia no es lo mismo que haberlo trabajado.
La psicología busca comprender el malestar a partir de su historia. Las tradiciones budista, yóguica y tántrica desarrollan la presencia para observarlo tal como surge. En mi trabajo, ofrezco recorrer ambos caminos.
A esto se suma la respiración: un punto de anclaje entre la mente y el cuerpo, al que siempre se puede volver.
Lo que se conversa se traduce en pasos concretos.
El ritmo lo marca usted.
Una breve llamada exploratoria, sin compromiso.