Puede ser reciente o de hace muchos años. El trauma no es solo lo que pasó, es lo que quedó sin terminar de procesarse.
No se puede cambiar el pasado, pero sí evolucionar en la relación con él.
El trabajo terapéutico no consiste en repetir el relato una y otra vez, sino en ayudar, con cuidado y a su propio ritmo, a que eso que quedó suspendido pueda finalmente resolverse, renegociarse o actualizarse a la luz de su presente.
Por situación traumática o por trauma solemos pensar rápidamente en un accidente, una muerte inesperada, una explosión, etc. Sin embargo, mi experiencia y las investigaciones que sigo de cerca indican que las violaciones sexuales, las violencias, humillaciones intrafamiliares (psíquicas / físicas) sobre todo hacia menores y de pareja (en todas sus variantes) arrasan en las estadísticas; y a partir de ahí o años después, desencadenan situaciones de bullying, acoso laboral, relaciones tóxicas, burnout, diferentes trastornos, obsesiones, rotación de estudios, problemas ante figuras de autoridad en el trabajo, etc. Luego se trabajan estos últimos como causas, cuando en realidad son «síntomas», formas de canalizar una búsqueda inconsciente de equilibrio con aquel hecho original.
No hace falta que lo que vivió tenga un nombre clínico preciso para que este espacio le sirva. Podemos comenzar con una breve conversación exploratoria.
Este acompañamiento no reemplaza un seguimiento médico o psiquiátrico cuando hace falta. Si actualmente está en tratamiento o seguimiento, es posible coordinarlo con los profesionales correspondientes.